fbpx




Un viaje de locos en bote y una playa de ensueño en el Chocó

Viaje de Bahía Solano hacia Nuquí

Luego de haber visitado diversos hoteles en Bahía Solano y de haber evaluado las ofertas turísticas, decidí viajar hacia Nuquí. Primero tuve que organizar un transporte para llegar al parque nacional Utría y luego buscar otro hacia Nuquí. Después de varias conversaciones con diferentes personas, encontré al fin un capitán que se dirigía el día siguiente al parque nacional y pude negociar con él un buen precio. La mañana siguiente, condujimos en un bote pequeño durante una hora con dirección al sur. El bote estaba lleno de turistas jóvenes. El viaje estuvo combinado con avistamiento de ballenas, utilizando la técnica “a toda marcha hacia las ballenas”. Lastimosamente, no nos dieron información sobre los mamíferos marinos. De manera que me lucí compartiendo el conocimiento que había adquirido en los días pasados con los demás pasajeros.

Llegamos a una playa con un hermoso panorama. El plan era quedarnos ahí y almorzar en el lugar. Mi plan personal era, sin embargo, encontrar un bote que me llevara hacia el sur para llegar a Nuquí. Pasaron horas sin que un solo barco se acercara a la pequeña isla en la que estábamos.  Cada vez más nervioso, discutí mi situación con varios colombianos y me enteré de que ese día se llevaba a cabo un festival en el sur y por esa razón muy pocos botes conducían hacia Utría. Empecé entonces a pensar en pedir un bote privado en Nuquí y pagar media fortuna por eso. Afortunadamente, se presentó otra opción de transporte, con la cual pude llegar al sur.

El último puesto libre se encontraba en la parte delantera del bote. El capitán parecía tener prisa, así que pisó el acelerador a toda marcha. Ni la fuerte lluvia que empezaba a caer, ni las olas que no paraban de crecer lograron detenerlo. Yo, por el contrario, sentado en la parte más delantera del bote, fui sacudido violentamente hacia arriba y abajo. Sabiendo que el transporte duraría 2 horas, intenté calmarme lo que más pude. Por fortuna traía mi chaqueta de lluvia conmigo, la cual me protegió un poco de la fuerte lluvia. Fui sacudido en ese bote como nunca en mi vida.

Nuquí y sus hermosas playas

Al llegar a Nuquí me dirigí a pie a mi hotel, ubicado a 15 minutos a las afueras del centro. Aún llovía muy fuerte, pero no me impresionó, pues ya me encontraba completamente mojado.  Menos mal el clima en la costa pacífica es muy cálido. Al llegar al hotel me alegró mucho tener una ducha, una cerveza y, sobre todo, ropa seca. Luego de una copiosa comida, me fui temprano a la cama. La habitación de hotel era una de las más pequeñas que he tenido. Me sentía como un Hobbit.

A la mañana siguiente, nos dirigimos después del desayuno en bote hacia la playa de Guachalito. Dejé el grupo para visitar varios hoteles en el lugar. El resto continuó la excursión en el bote para avistar ballenas. Afortunadamente, el clima estuvo amigable y soleado. La playa de Guachalito tiene alrededor de 3 km y un aproximado de seis hoteles, de los cuales visité la mayoría. La playa es increíblemente hermosa, paradisiaca sería la mejor descripción, y se puede recorrer la playa completa sin encontrarse una sola alma en el lugar. El agua es, además, confortablemente cálida. Es definitivamente uno de los mejores destinos para viajar en Colombia.

Oferta de hoteles en Nuquí

Los hoteles visitados tienen un buen estándar. Sin embargo, no tienen acceso a internet o suministro constante de energía.  Algunos hoteles producen energía solo por unas horas en la noche. No obstante, tienen una excelente atención y la comida es deliciosa. Personalmente, considero la comida del Chocó la mejor de toda Colombia.

En uno de los hoteles me abordó una chica joven e increíblemente bella. Me dijo que trabaja desde hace un mes en el hotel para traducir y encargarse de los huéspedes extranjeros. Normalmente enseña inglés y francés en Medellín.

Por desgracia, tenía una cita para almorzar con el resto del grupo y tuve que despedirme del hotel y de la bella chica. Disfruté del regreso caminando por la playa descalzo. De nuevo, no me encontré ni un alma, además de un par de soldados que tenían su campamento en las cercanías del bosque. Si algún día me llego a casar, puedo imaginarme pasar parte de mi luna de miel aquí.

Agosto de 2017

Blog de Frank Spitzer

2019-05-21T21:14:03+00:00

Deje su comentario