Visitando la Feria de las Flores en Medellín, Colombia

Last updated on January 23rd, 2021 at 07:30 pm

Querido lector:
Mi nombre es Frank y tengo una agencia de viajes con sede en Bogotá, Colombia. ¡Diviértete leyendo!

La Feria de las Flores en Medellín

Viajar a Medellín siempre es divertido. El clima es templado, las mujeres son hermosas y las personas muy amigables. Por eso, estaba muy emocionado cuando tomé el avión el 4 de agosto hacia esa ciudad.

La Feria de las Flores existe desde 1957 y es el acontecimiento más importante en Medellín. La feria representa el fin de la esclavitud, cuando los esclavos debían subir a sus espaldas hombres y mujeres de clase alta cuesta arriba por la montaña. Ahora, en lugar de personas, los “silleteros” llevan flores en sus espaldas y, cuando hablo de flores, me refiero a obras de arte hechas de flores que llegan a pesar hasta 100 kg.

Hoy en día la feria dura 10 días e incluye diversas actividades. Hay una exhibición, concursos y un desfile de carros antiguos. Diversas agencias de viaje traen buses llenos de turistas a los pueblos cercanos, donde visitan las fincas productoras de flores. Allí conocen cómo las flores son cultivadas y cómo los silleteros construyen sus obras de arte para el desfile (Colombia es, por cierto, uno de los mayores productores de flores a nivel mundial).

La fuente de las flores: Finca Santa Helena

Uno de los lugares más importantes para la historia y la cultura de los productores de flores y uno de los sitios turísticos de Medellín más visitados es Santa Elena. Visité la finca silletera “Los Girasoles” con mi amiga Silviana. Ella es mi contacto local para los viajes que organizamos a Medellín. Allí aprendí sobre la historia de esta tradición y que los participantes del pueblo mencionado se llevan la mayoría de los premios del desfile.  También me dijeron que marchar como silletero es un derecho de nacimiento que sólo puede ser heredado.  De otras personas conocí, además, que la gente toma aguardiente (una bebida alcohólica colombiana muy fuerte) durante el festival e incluso desde bien temprano en la mañana.

El lunes, el día del desfile principal, Silvi me dijo que tenía que estar antes de las 10 de la mañana en la entrada de la tribuna. Esto me confundió un poco, pues yo sabía que el desfile principal empezaría a las 2 de la tarde. Sin embargo, ella me aclaró que el evento es tan popular, que convoca miles de personas, de modo que si uno llega tarde es imposible encontrar un lugar entre la multitud.

¡Comenzó la Feria de las Flores en Medellín!

A las 9:30 a.m. del lunes ya me encontraba en el lugar y pude comprobar que Silvi no estaba exagerando.  A un lado del desfile estaban las tribunas, las cuales abrían sus puertas a las 10 de la mañana. El otro lado es abierto al público y las dos primeras filas delantera ya estaban ocupadas. Los visitantes trajeron sillas, mantas, comida, hieleras y sombrillas; era como un festival de ópera al aire libre. Me dijeron que las primeras personas aseguraron su lugar desde las 5 de la mañana. También había montones de vendedores ambulantes vendiendo comida, bebidas y alquilando sillas y otras cosas.

Tan pronto recibí mi tiquete, me dirigí a la tribuna. Había traído mi Kindle para el caso fortuito de que me llegara a aburrir, pero pronto me di cuenta de que no lo necesitaría en lo absoluto. Nuestra tribuna, con capacidad para 400 personas aproximadamente, estaba reservada exclusivamente para turistas.  La mayoría eran colombianos de otras partes del país, pues el colombiano es experto en festejar; algunos venían de sur y centro américa y muy pocos no eran latinos. A las 10:30 a.m. la tribuna ya estaba llena y la multitud estaba animada. Las personas hablaban, comían y algunos empezaron un concurso de canto con las personas del otro lado de la calle. En ese día soleado, la temperatura alcanzó unos 25 grados Celsius.

Como suizo, puedo describir la dinámica entre los visitantes como increíble. Los suizos nos diferenciamos mucho de los latinos; no estamos muy alejados del estereotipo del suizo escueto que se la pasa contando dinero todo el tiempo. Aun así y a pesar de vivir casi dos años en Colombia, jamás podría haberme imaginado un espectáculo semejante. Pensé «estas personas ni siquiera necesitan un desfile, ¡Ellos mismos son un espectáculo!» Y todos participaban, desde los niños hasta la abuela sentada al frente mío.  Ella tenía como mínimo 80 años y medía apenas unos 140 centímetros de altura, pero sabía sacudir muy bien su trasero y se movía con el compás de la música ¡No podía dejar de sonreír!

Obras de arte hechas con flores y coloridos desfiles

Finalmente, llegó el primer vehículo con DJ’s y bailarines lanzando pequeños regalos al público. Silvi me dijo que eso era apenas un abrebocas. Apenas se trataba de vehículos de propaganda de grandes empresas colombianas. Fue sumamente entretenido y puso a todos los espectadores a bailar.

Dos horas después, los asistentes aún no se cansaban de celebrar y competir entre ellos con canciones.  Entonces inició al fin el desfile principal, el cual estaba dividido en varias categorías: clásico, tradicional, comercial y creo que algo parecido a ¡De locos! Algunas veces no podía creer lo que veían mis ojos. Algunos silleteros transportaban enormes monumentos florales en sus espaldas. Durante el recorrido, cada grupo tenía jóvenes scouts acompañándolos para asegurarse de que ninguna de estas bellas piezas de arte terminara en el suelo.

Pero las flores no fueron las únicas protagonistas del desfile. Las autoridades no escatimaron en gastos y también se lucieron. Bomberos, policías, el ejército nacional, las empresas de aseo, todos tuvieron su lugar en el desfile. Diferentes grupos musicales y de baile realizaron su performance con shows espectaculares. Artistas disfrazados también tuvieron su momento en el espectáculo. El público quedó tan impresionado por el evento, que agradeció con interminables aplausos, cantos y celebraciones. Precisamente, fue el constante apoyo del público la fuerza impulsora de los silleteros para continuar avanzando, a pesar de la pesada carga que llevaban.

Después de aproximadamente tres horas llenas de flores y encanto, el desfile llegó a su fin. A tan sólo 100 metros de distancia venía un escuadrón completo de limpieza con camiones y trabajadores uniformados limpiando cualquier rastro de suciedad a su paso, dejando las calles limpias, casi como si el desfile jamás hubiera ocurrido.

¡Estaré encantado de regresar el próximo año!

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