Navidad en Boyacá Colombia

Last updated on January 23rd, 2021 at 07:35 pm

Querido lector:
Mi nombre es Frank y tengo una agencia de viajes con sede en Bogotá, Colombia. ¡Diviértete leyendo!

Navidad en Boyacá

Viajar en diciembre por Colombia es un gran evento, gracias al alumbrado navideño que decora todo el país. Nosotros escogimos la ruta por Boyacá. Salimos muy a las dos de la tarde desde el barrio La Candelaria en Bogotá, rumbo a Boyacá para hacer la Ruta de las luces. Nuestro plan era muy ambicioso, queríamos ir hasta Nobsa, el pueblito de los pesebres y nuestro punto más alejado, y devolvernos hacia Bogotá pasando por: “El Pueblito Boyacense” en Duitama, Corrales, el pueblito “Luz de Colombia”, ¿Tibasosa?, Puente de Boyacá y Villa de Leyva!! Sí Villa de Leyva, sí, así, ¡de un sólo tirón! Íbamos a llegar a Bogotá a las 2 a.m. con la ruta completa. Sólo que no. Casi.

Primero nos encontramos con el trancón de la autopista norte, jueves 2 de la tarde, muertos del susto por no alcanzar a salir de Bogotá antes de que empezara el pico y placa, ¡pero alcanzamos! Seguimos en dirección a Tocancipá, no sobra decir que en esta parte de la ruta hay que tener cuidado con las señales porque es fácil tomar la vía equivocada (no porque nos haya pasado, ni más faltaba…). Rumbo hacia Duitama, nuestra primera parada fue en el Embalse del Sisga. Desde la carretera no se ve muy bien, y uno pasa encima de él sobre un puentecito rojo de menos de 50 metros, así que es fácil no darse por enterado. Paramos para estirar las piernas, y ver el paisaje. Es posible hacerlo entrando al restaurante “El Refugio Del Sisga” Autopista 55 Km 68 vía Bogotá – Tunja. Aquí hay un mirador hacia el embalse desde el cual se puede ir caminando hasta la orilla. El restaurante es bonito, tiene grandes árboles, palomas blancas, gallinas punk, llamas y un jardín infantil. No comimos allí, pero encontré después en TripAdvisor opiniones sobre la comida y el servicio.

Ventaquemada y arepas boyacenses

Continuamos nuestro viaje con una cosa en mente: Parar en “Venta Quemada”. Según Sebastián, “Venta Quemada” es un parador de carretera famoso donde se pueden degustar las muy debatidas arepas boyacenses. Debatidas porque si para unos es un manjar de los dioses, para otros no dice mucho su sabor. Entrevistamos a una de las señoras que hacían las arepas en el restaurante Puerta Boyacense, fábrica de arepas. Ella no nos dijo nada sobre el origen de las arepas, pero nos mostró la forma en que las hacen. Estas arepas son hechas de maíz pelao, cuajada (una especie de queso), sal y panela. La cuajada va por dentro de la masa de maíz y la panela (o el azúcar) le da el gusto dulcetón característico. Se asa al carbón y se sirve con una taza de agua de panela caliente con queso. En el lugar también había picada, gallina, génovas y otras delicias de la comida boyacense. Descubrimos que “Venta Quemada” es de hecho un pueblo, y su nombre correcto es Ventaquemada, según Wikipedia “El municipio recibe el nombre de Ventaquemada en memoria de un hecho ocurrido en la antigua comarca comercial del siglo XVIII denominada “La venta” que se ubicaba en ese mismo lugar, la cual fue quemada por las rivalidades entre sus habitantes antes de la construcción del actual municipio.”

Luces en el Puente de Boyacá

Saliendo de Ventaquemada, decidimos seguir hasta el Puente de Boyacá y hacer allí la primera parada oficial de nuestra Ruta Navideña. Llegamos aún de día. Nos subimos por el caminito de piedra hasta la estatua de Simón Bolívar desde dónde puede apreciarse una vista panorámica de todo el monumento y del paisaje. Desde allí contemplamos los arreboles naranjas del atardecer y vimos cómo poco a poco se encendían las luces. Entonces fueron apareciendo gotas luminosas cayendo de los árboles, caminos de arco hechos de estrellas, flores y colibríes, alusiones a las familias campesinas de Boyacá con sus típicos atuendos y animales: gallinas, pollitos, vacas, ovejas y cerdos. Pesebre, camellos, tractores en el césped, un carruaje de Cenicienta. Pero esto no opacaba lo más impresionante: el pelotón de ciclistas luminosos dándole la vuelta al lugar, homenajeando el talento deportivo colombiano y exaltando a Boyacá como cuna de excelentes “escarabajos”, o ciclistas de ruta como Nairo Quintana y Miguel Ángel López.

A pesar de la belleza, nos tiramos la ruta, es decir, el cronograma, porque ya era de noche y todavía estábamos lejos. Nos fuimos directo a Nobsa, y tardamos más o menos unas dos horas en llegar. Cuando llegamos, nos encontramos con la enorme construcción de la Planta Holcim, perteneciente al grupo suizo Holcim, una de las cementeras más grandes del mundo, y nos creímos perdidos. Pero no, encontramos acceso al centro del pueblo guiados por las luces de la torre de la iglesia.

Adornos en Nobsa y todo Boyacá en un solo lugar

Cuando llegamos encontramos una placita llena de luz y color, con alusiones a la vida en el campo y a la mujer campesina boyacense. En el centro de la plaza vimos un castillo de cuento de hadas muy iluminado opacando un poco el espectacular pesebre que caracteriza el alumbrado de este pueblo. Alrededor de la plaza podían encontrarse tiendas de artesanía y cafés, pero todo estaba cerrando. Más allá de la plaza no había alumbrados, así que el recorrido duró 20 minutos. Cuando viajes a Colombia, te darás cuenta de la riqueza arquitectónica de sus iglesias. La iglesia de Nobsa es muy especial y estaba muy bien adornada por dentro. Es un templo de tres naves de estilo barroco, de estructura totalmente tallada en piedra, construida a finales de siglo XIX e inicios del siglo XX.

De Nobsa salimos para el Pueblito Boyacense, a pesar de las recomendaciones de una nobsana (¿cuál es el gentilicio de estas personas?) de continuar hacia Corrales que, según ella y sin dudarlo, es el pueblo que hace los alumbrados más bonitos de toda la ruta… En fin. Salimos para el Pueblito Boyacense y en cuestión de más o menos media hora ya estábamos dentro. La entrada vale COP $2.000,00 y la entrada al baño vale COP $1.000,00. El lugar es hermoso, está lleno de casas y caminitos que hacen alusión a los principales pueblos de Boyacá y sus principales productos, en su mayoría, de tipo artesanal. Hicimos el recorrido en una media hora, no había mucha gente y la iglesia, junto con algunos restaurantes y tiendas de artesanías, ya estaban cerrados. Eran más o menos las 21 horas. A las afueras del lugar había toldos de dulces, comidas rápidas, artesanías y un amplio parqueadero.

De aquí salimos directo a comer a algún lado. La verdad, Duitama ya estaba durmiendo, y fue difícil encontrar algún restaurante abierto, un pueblo como este no es algo a visitar en Colombia. Finalmente encontramos un restaurante de camionero funcionando. Un lugar muy simple, limpio, amplio, con mesas y sillas de plástico y muchos conductores cenando. La atención fue rápida, pero la comida se demoró en llegar. Y es así como nuestra cena de navidad y fin de año fue: de entrada un delicioso consomé de costilla y, de plato fuerte, arroz, papas fritas caseras, ensalada de cebolla cabezona blanca y tomate bien picados y carne a la plancha o en bistec. ¡Toda una experiencia colombiana! Aura y yo la hicimos aun mayor, acompañando la cena con una clásica gaseosa colombiana: la Manzana Postobón. [Paréntesis: discutimos sobre cuál seria la mejor gaseosa colombiana, para mí sería la Glacial Crema Soda, para Aura, mmm, no me acuerdo… sorry… Sebastián no opinó y Frank sólo dijo “ughh” … jajaja.

La hermosa Villa de Leyva

Una vez terminada la cena, ¡barriga llena, corazón contento!, y así salimos casi a las 22 horas en dirección a Villa de Leyva. Dos horas de camino desde Duitama. Nos fuimos jugando a adivinar nombres de artistas y películas para no dormirnos, pero nos aburrimos rápido. El App del celu casi nos hace poder por un barrio no muy chévere en la desolada Tunja ¡a esas horas!

En la noche, como no se ve bien el paisaje, uno se va dando cuenta que se acerca a Villa de Leyva por las curvas de la carretera, y por el color marrón que las cosas allá afuera empiezan a reflejar. Llegamos y encontramos este pequeño pueblito blanco sobriamente adornado en la plaza principal. La enorme plaza con su fuentecita en la mitad, arboles de luz alrededor de ella y en el atrio de la plaza, y los edificios ribeteados con líneas de luz amarilla. Según nuestro historiador, el tamaño de la plaza es así porque, en su época, era usada para entrenamiento militar y para destacamento de soldados.

Encontramos a un amigo de Frank, y cada uno se tomó lo que quería en un bar de salsa que queda al frente de la Iglesia. Como nota de precaución, “no acaricie los perros” porque a Aura casi la muerde uno que trataba de dormir. Yo me fui a explorar los alrededores de la plaza, hasta que me llamaron para tomarnos la foto de fin de año, en la cual otro perro de la calle, pero mucho más amable, entró a posar. Puede ser que ya esté acostumbrado.

Cobijados por el silencio de la madrugada, comenzamos nuestro camino de regreso a Bogotá. Confieso que tenía miedo de viajar tan tarde, desde tan lejos. Pero el miedo solo estaba en mi cabeza. La vía es rápida y segura, además hay fuerzas militares y policía cuidando, y en dos horas y media ya estábamos entrando a la ciudad. A las 3 de la madrugada cada uno llegó a su casa, mamado.

En conclusión, no es posible hacer la ruta completa en una noche solamente, a menos que se esté dispuesto a pasar la mayor parte del tiempo dentro del carro, o a hacer visitas extra rápidas en cada punto o a omitir alguno de los sitios, o todas las anteriores. Lo mejor sería escoger bien uno o dos sitios y enfocarse en ellos, o hacer la ruta en dos días.

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Diciembre de 2017

Blog de Sara Colmenares

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