Ciudad Perdida Colombia – Cómo llegar a la Ciudad Perdida cerca a Santa Marta

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Last updated on January 23rd, 2021 at 07:43 pm

Querido lector:
Mi nombre es Frank y tengo una agencia de viajes con sede en Bogotá, Colombia. ¡Diviértete leyendo!

Cómo llegar a la Ciudad Perdida cerca a Santa Marta

Llegada a Santa Marta

Me invadió una gran alegría cuando finalmente logré llegar a Santa Marta desde Cartagena. No era la primera vez que visitaba Santa Marta. Mis primeras vacaciones allí fueron en el año 2009 cuando me fui de gira por Colombia con solo una mochila a bordo.   En este intervalo ya había visitado Santa Marta varias veces; la última vez fue en octubre del año pasado durante una gira con mi padre por el país.

El centro histórico de Santa Marta es pequeño pero bonito. Hay muchos restaurantes, músicos callejeros y artistas. La infraestructura hotelera del lugar ha logrado desarrollarse bastante en los últimos años. Como siempre, me hospedé en mi hotel favorito administrado por una italiana y su hija.  Allí siempre me siento como en casa.  Además, el hotel carece de pretensiones y el precio es bastante justo.

En ese entonces había hecho una excursión al parque Tayrona con mi padre. El parque es realmente hermoso, tiene playas increíbles y usualmente uno no se encuentra ni un alma rondando por el lugar. Debido al intenso sol se debe proteger la piel muy bien para evitar quemaduras. El parque Tayrona es un destino perfecto para disfrutar de la naturaleza y pasear mientras se contempla su belleza.  Adicionalmente, si no se cuenta con el físico necesario para una extensa caminata también se puede recorrer el parque montado a caballo. A ellas también se puede llegar en barco desde Santa Marta. Además de esta revisión, también tenemos una guía de viajes de Santa Marta.

Paraíso arqueológico: La Ciudad Perdida

Esta vez, sin embargo, no tuve tiempo para el Parque Tayrona. Yo estaba aquí para visitar la Ciudad Perdida. El lugar es repetidamente comparado con el Machu Picchu del Perú y ahora puedo decir que una comparación es perfectamente admisible, aun cuando las dimensiones de Machu Picchu son mucho más generosas. Me informé con los operadores turísticos locales y me enteré de que hay paquetes de cuatro, cinco y seis días. Decidí visitar Ciudad Perdida en cuatro días y a la mañana siguiente comenzó el viaje.

En definitiva, debo decir que hay maneras más cómodas de desplazarse desde A hasta B que estar apiñado en la parte trasera de un jeep durante dos o tres horas.  No íbamos por la carretera, sino por la colina a lo largo de un camino lleno de curvas que en su mayoría era más huecos que camino. Al llegar todos estábamos felices de bajarnos y finalmente poder estirar nuestros miembros. Para alegría de todos nos dieron el almuerzo antes de iniciar el recorrido. Para la mayoría de mi grupo esta era su primera vez en Colombia.

Aventura en la Ciudad Perdida

Después de comer pescado seco con arroz estábamos con fuerzas para iniciar el trayecto. En la agencia de viajes me habían advertido que debido a la humedad era mejor que utilizara ropa de fibra sintética.  También me habían explicado que estaría constantemente mojado, bien sea por el sudor, la lluvia o por tener que cruzar algún río.  Y estaban en lo cierto. El primer día transcurrió sin aguaceros y logramos llegar muy secos al campo.  Entonces allí los integrantes se pusieron su ropa de baño para atravesar el río. Todos los participantes se enfrentaron a la opción de saltar al río desde una gran altura o meterse desde abajo. Por su parte, nuestro guía saltó de inmediato al río con un salto de cabeza desde una altura de unos cinco metros. Al ser el participante con mayor experiencia del grupo, me uní de inmediato con un salto normal a pies juntos.  El agua estaba fresquita y nos refrescó de una manera maravillosa. La segunda atracción era una cuerda que colgaba de la rama más alta de un árbol, suspendida sobre el río. Todos se divirtieron bastante en su intento y yo no podía esperar a que fuera mi turno. Sin embargo, dicho placer no duró mucho, pues en mi segundo intento estaba tan motivado por columpiarme tan rápido como fuese posible y así explotar al máximo las leyes de la fuerza centrífuga, que por desgracia casi arranco el árbol por completo con el movimiento. Por supuesto, el aparato se dañó. Tal parece que al momento de construir el aparatejo los colombianos no se imaginaron a un soldado de infantería suizo montando en su atracción.

De regreso al campamento había dos opciones para dormir: literas o hamacas. A pesar del peso extra en mi equipaje, decidí traer mi propia hamaca junto con los materiales necesarios para instalarla, pero al mirar más de cerca la infraestructura existente no me sentí muy feliz con la decisión que había tomado. A la mañana siguiente todos los participantes parecían haber dormido plácidamente, excepto yo. Luego de un copioso desayuno nos dirigimos muy temprano hacia la segunda etapa.

La meta es el camino; así se podría describir bien esta aventura. El paseo era muy agradable y debido a la altitud la fauna cambiaba constantemente, en algunos puntos se podía apreciar la distancia del mar a la montaña donde estábamos.  Aun así, algunas partes cuesta arriba eran muy duras de subir y la ropa ya estaba muy sudorosa.  Afortunadamente no nos hizo falta provisiones, casi siempre había algo para comer y beber y nuestro guía además se preocupaba por brindarnos información interesante en cada parada. Entonces nos narró la historia del lugar y del cultivo de coca y marihuana y de cómo el Estado realizó la respectiva destrucción de ambos cultivos, cuyas consecuencias por los químicos utilizados en ese momento para la erradicación aún tienen efecto hoy en día. Adicionalmente contábamos con un traductor que interpretaba todo del español al inglés, ya que la mayoría de los participantes en nuestro grupo no dominaba muy bien el idioma. El día terminó con un chapuzón en el agua fría y una cena servida en el campamento.

Llegada a Teyuna

El tercer día prometía ser particularmente emocionante, ya que en el programa estaba una travesía en el río y la ansiada visita a Ciudad Perdida, así que nos levantamos muy temprano e iniciamos el recorrido. Para atravesar el río los guías nos estiraron una cuerda para asegurar que nos pudiéramos agarrar fuerte de ella y así evitar que alguno de nosotros fuera barrido por la fuerte corriente. Inmediatamente después una escalera empinada nos condujo finalmente a Ciudad Perdida. Subir no representó ningún problema para mí, lo que realmente me preocupaba era la empinada bajada de regreso, pues los escalones en su mayoría eran muy altos, resbaladizos y más bien diseñados para pies de mujeres pequeñas.

Al llegar a la parte superior nos saludaron miembros de las fuerzas colombianas. Ellos hacen guardia en Ciudad Perdida porque a comienzos del año 2000 un grupo de excursionistas fue secuestrado por la guerrilla.  También tuvimos la suerte de poder darle la bienvenida al líder espiritual de los indígenas locales, con quien también se podía comprar pulseras y artilugios para la buena suerte. La visita a Ciudad Perdida fue bastante impresionante, me gustó mucho. Allí nos explicaron para qué servían las diferentes zonas del lugar y qué función cumplían, cómo se vivía en ese entonces y qué hizo esta cultura. Por supuesto, todos los visitantes se tomaron millones de selfies.

Regresando a la civilización

Después de unas horas de estancia en Ciudad Perdida iniciamos nuestro camino de regreso. Poco después del descenso la lluvia nos volvió a saludar, diciéndonos que nos iba a acompañar hasta nuestro regreso a Santa Marta. En aquel momento estábamos húmedos la mayor parte del tiempo, pero no importó mucho porque el clima era muy cálido. La lluvia fue una bienvenida fresca durante la marcha, solo los pies sufrieron un poco.

En la tarde del tercer día todos estábamos encantados de llegar al campamento. Ducha y ropa seca fueron una completa bendición. Esa noche todos durmieron profundamente, incluyéndome. Al cuarto día arrancamos como de costumbre muy temprano en la mañana y todos estaban muy motivados y de muy buen humor porque habíamos tenido tres maravillosos días. Ese día el sol brilló en Ciudad Perdida, haciendo nuestra estancia aún más agradable. No obstante, la ruta del cuarto día era larga y estuvimos caminando al menos seis horas. Algunos participantes no estaban muy bien de salud; muchos tuvieron que ir varias veces a los arbustos y una en específico tuvo que ser llevada de vuelta en mula. Luego de varias conversaciones con los miembros del grupo me enteré de que éstos no eran casos aislados, tal parece que debido a las instalaciones sanitarias y a la higiene en general, siempre hay algunas complicaciones de salud entre los participantes. Afortunadamente yo no fui afectado por ninguno de estos factores. Encendí mi modo turbo y fui el primero en regresar al punto de partida, donde los vehículos debían recogernos.  El último del grupo llegó dos horas más tarde. Todo el mundo estaba feliz pero también aliviado de finalmente regresar a Santa Marta en poco tiempo.

Si se está de gira por Colombia y se encuentra en Santa Marta, la Ciudad Perdida es sin duda alguna uno de los lugares que vale la pena conocer. Sin embargo, por la limitada infraestructura y el gran trayecto por recorrer, se debe contar con una buena condición física.

Esta es solo una de las pequeñas piezas de todas las aventuras que puedes encontrar en Colombia. En mi Guía de viajes a Colombia encontrará una excelente descripción de muchos más destinos que puede visitar. Si desea viajar un poco más cómodo y con estilo, los viajes personalizados y de lujo son mi especialidad.

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